El
sábado 11 de marzo, el señor rector presentó
la primera encíclica del papa Benedicto XVI, centrándola
en la Primera parte, dedicada al amor, pues la presentación
iba dirigida especialmente a los matrimonios y las familias
de la parroquia. En este contexto nos mostró el
amor, como el corazón de la fe cristiana: "Nosotros
hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído
en él" (1 Jn. 4,16). Creer en el amor
es creer en Cristo, porque nos hemos encontrado con Él,
en la oración, en los sacramentos
En
su reflexión sobre el amor nos mostró la unidad
en la diferencia entre el "eros" y el "agapé".
El "eros" como amor necesidad, fruto de una indigencia,
como arrebato y pasión, y el "agapé"
como amor de donación, fruto de una plenitud que libremente
se entrega a los demás. El cristianismo no está
en contra del eros, sino que lo purifica y le lleva a su plena
maduración en el amor de "agapé",
haciendo realidad las promesas vislumbradas con el "eros",
que por sí solo no podía alcanzar.
Para
lograr esta unidad nos es necesario ir constantemente a la
fuente, a Cristo. Por ello nos invitó a poner
a Cristo en la base de nuestro amor. Así podremos
amar con el amor con que Jesús quiere que nos amemos.
Apoyándose en los textos sagrados, nos mostró
cómo en el amor de Dios podemos descubrir qué
es el amor matrimonial, y cómo en el amor de los esposos
podemos tener un vislumbre de cómo es el amor de Dios
(exclusivo y para siempre).
Posteriormente
a la presentación, tuvo lugar un interesante coloquio,
a lo largo del cual el señor rector nos animó
a no dejar que la encíclica pasase por nuestras vidas
como una "música celestial", sino a esforzarnos
en aceptar la revelación de Dios, que nos invita a
vivir no cualquier amor, sino un amor en el que no haya fisuras
entre el "eros" y el "agapé", única
forma de evitar la duda, o las acusaciones a la Iglesia (que
nos propone un amor bien distinto al que hoy parece imperar
en la sociedad) de estar desfasada. Al contrario, nos invitó
a dejarnos acompañar, en la vida matrimonial y familiar,
por la Iglesia, que es experta en humanidad