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PRESENTACIÓN DE LA ENCÍCLICA "DIOS ES AMOR"
Javier Lucena - 11/3/2006

El sábado 11 de marzo, el señor rector presentó la primera encíclica del papa Benedicto XVI, centrándola en la Primera parte, dedicada al amor, pues la presentación iba dirigida especialmente a los matrimonios y las familias de la parroquia. En este contexto nos mostró el amor, como el corazón de la fe cristiana: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él" (1 Jn. 4,16). Creer en el amor es creer en Cristo, porque nos hemos encontrado con Él, en la oración, en los sacramentos…

En su reflexión sobre el amor nos mostró la unidad en la diferencia entre el "eros" y el "agapé". El "eros" como amor necesidad, fruto de una indigencia, como arrebato y pasión, y el "agapé" como amor de donación, fruto de una plenitud que libremente se entrega a los demás. El cristianismo no está en contra del eros, sino que lo purifica y le lleva a su plena maduración en el amor de "agapé", haciendo realidad las promesas vislumbradas con el "eros", que por sí solo no podía alcanzar.

Para lograr esta unidad nos es necesario ir constantemente a la fuente, a Cristo. Por ello nos invitó a poner a Cristo en la base de nuestro amor. Así podremos amar con el amor con que Jesús quiere que nos amemos. Apoyándose en los textos sagrados, nos mostró cómo en el amor de Dios podemos descubrir qué es el amor matrimonial, y cómo en el amor de los esposos podemos tener un vislumbre de cómo es el amor de Dios (exclusivo y para siempre).

Posteriormente a la presentación, tuvo lugar un interesante coloquio, a lo largo del cual el señor rector nos animó a no dejar que la encíclica pasase por nuestras vidas como una "música celestial", sino a esforzarnos en aceptar la revelación de Dios, que nos invita a vivir no cualquier amor, sino un amor en el que no haya fisuras entre el "eros" y el "agapé", única forma de evitar la duda, o las acusaciones a la Iglesia (que nos propone un amor bien distinto al que hoy parece imperar en la sociedad) de estar desfasada. Al contrario, nos invitó a dejarnos acompañar, en la vida matrimonial y familiar, por la Iglesia, que es experta en humanidad