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CINEFÓRUM
CRISTÓBAL GARCÍA

El sábado, 12 de abril, en el gótico escenario de la Sala de la Concepción se reunieron más de cuarenta personas para la nueva sesión del CINEFÓRUM. Esta vez, en la gran pantalla, se podía ver la película polaca "Faustina". Ya que el cine de la Europa del Este es casi totalmente desconocido, se esperaba una producción mediocre. Muchos vinieron un poco por curiosidad, otros por costumbre. Sin embargo, mientras llegaban las escenas con el acompañamiento de una bellísima música clásica compuesta por Wojciech Kilar, el encanto de estar allí y entrar en el conocimiento de la aventura mística de una religiosa polaca, sor Faustina Kowalska, crecía minuto tras minuto.
El director de la película Jorge Lukaszewicz y el operador de la cámara Zdzislaw Najda han hecho un intento muy eficaz de presentarnos como el mundo sobrenatural puede invadir y dominar a fondo el alma de una persona. Usando la belleza del rostro humano ordinario y natural (muchos planos cortos), disfrutando de la muy auténtica y creíble interpretación de los actores polacos (en manera especial Cristina Segda como sor Faustina), y jugando con la belleza del paisaje y de una vida encerrada entre las paredes del convento, panadería y el huerto de las monjas, los cineastas polacos crearon la encantadora y conmovedora atmósfera de esta película.
La única pega para muchos acostumbrados al doblaje de las películas en nuestro país era el esfuerzo de seguir la traducción de las voces en polaco por los subtítulos en castellano. Pero en la opinión de muchos del público santa Faustina Kowalska se acercó muchísimo a sus corazones.
Viviendo entre la monotonía del convento, la extraordinaria y dificil misión confiada por el mismo Jesucristo Misericordioso y las incomprensiones, envidias y dificultades para poder cumplir con las exigencias del Señor, todo eso se transformaba poco a poco en el crisol de sufrimiento donde se ennoblecía su alma para poder ser llevada al cielo con sus 33 años de vida, sin ver todavía frutos de sus esfuerzos. Su llanto al ver pintado al final, en Vilna, por un pintor profesional Kazimierzowski el cuadro de la Divina Misericordia ("¿Quién te pintará tan bello como eres, oh Señor?") nos sugería también que es imposible del todo traducir en la pantalla aquellas realidades fascinantes del Misterio del Amor Divino, que a los místicos les hacen pregustar "el mundo venidero" y totalmente transforman sus vidas.
Entre el público estaba también un grupo de universitarios polacos que, con la traducción simultánea de su connacional, Mn. Artur Migas, hacían una invitación a formar parte, como ellos, de la Asociación de los Apóstoles de la Divina Misericordia. El P. Artur organizó también antes y después de la proyección una presentación multimedial de la vida y obra de santa Faustina Kowalska, ayudando a comprender mejor su misión en la Iglesia actual. Gracias, Mn. Joan y Mn. Artur, por ofrecernos aquella inolvidable sesión.